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martes, 5 de diciembre de 2006

Layla

"Like a fool, I fell in love with you,
Turned my whole world upside down."

Layla, Eric Clapton

Es sábado y vine a trabajar un rato. Pendientes que se deben de cerrar para antes de la semana entrante. Mi Jefa realmente está estresada. A eso agréguenle que no todo el tiempo entiende mi manera de bromear, ni mi sarcasmo. De hecho, por lo regular acabo regañado.

En medio de este pequeño incidente, comienza la rola de Hella Good, de No Doubt. Esa canción (y en si, cualquier aparición de Gwen Stefani) me recuerda a Layla. Les dije que algún día les platicaría la historia... pues ahí les va.

Corría el verano del 2002. Ese verano decidí quedarme en Monterrey a trabajar, en vez de regresar a Veracruz. Habían pasado dos veranos en que cosas peculiares ocurrían entre mis amigos; cosas como que la mayoría tenían sus aventuritas o se hacían de novia (por ejemplo, en el verano del 2001 Paz y la Cuñis empezaron a andar y ahora hasta comprometidos para casarse están). Por alguna razón, pensé que ese verano sería la ocasión para mí.

Al principio del verano volví a ver a Layla y pensé y sentí que el momento - efectivamente - había llegado. La vi por primera vez unos tres años antes, cuando acompañó a su familia dejar a su hermano al Tec. Layla a penas había cumplido 15 años y se veía dulce, inocente, pequeña y bella. Por un buen rato, no pude quitarle los ojos de encima... se me hacía tan interesante...

Así, tres años después, regresó a Monterrey a hacer verano. El evento me pareció formidable. Desde el primer día hice mis pininos para poder estar cerquita de ella; de hecho, desde que pude estar cerca de ella, la encontré como aquella primera vez que la vi. Siempre me pareció adorable; una vez sentí que había hablado mucho y le pregunté que si no se cansaba de escucharme hablar tanto y ella dijo: "No, porque a mí me gusta escuchar". De hecho, fuimos al cine juntos el primer fin de semana que ella estuvo en Monterrey; aun recuerdo qué película era: La Habitación del Pánico, con Jodie Foster. En el cine traíamos un jueguito que a los dos nos hizo ver (bueno, al menos a mí) que algo bueno podría pasar.

Sin ir más lejos, el martes siguiente platiqué con ella después de comer. Y todo era miel sobre hojuelas. Oh sí... miel sobre hojuelas. (Pausa... pasan como destellos a través de mí... otra vez me pongo cursi, así que ahí queda).

Pero las cosas no duraron así para siempre. No, ni siquiera por el resto de la semana. El viernes salimos al Koko Loco (en esos días, recordaran, estaba en Padre Mier) y el sábado fuimos a Saltillo al Museo del Desierto*... y sencillamente todo se fue al caño. De esos días en adelante, aunque intenté acercarme, fue inútil. Incluso le escribí un correo - vaya correo -... pero nada resultó.

Ocho días después terminé super deprimido. Incluso, en el partido de México vs. U.S.A. (que lo vimos en el desaparecido Carlos'n'Charlies de Plaza Fiesta, ahora el Papa Bill's) sentía que todo me fallaba. De hecho, llegó a tal punto mi mal estar y era tan presente mi depre, que hasta Bola tuvo que jalarme para hablar ("Es que... necesitas buscar tu Zú-Zú").

Busqué una manera de superarlo y parece que lo logré (bueno, quise decir, logré superarlo por el resto del verano). El resto del verano me la pasé de fiesta (pero esa es otra historia) y hubo muchas otras aventuras... oh sí... tanto que fui a dar a Tijuana.

Ella se fue ese verano, quise seguir en contacto, pero no fue lo mismo. Tampoco pude acercarme cuando ella regreso a Monterrey a hacer la carrera; mucho menos será lo mismo ahora que se va una época a Edo. de México.

La realidad, es que no sé qué pasó. La realidad es aun quiero saber. La realidad es que ya no sé si vale la pena. La realidad es que... "lo que un día no fue, no será".

(Este post lo comencé a escribir el sábado 2 de diciembre).
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* El disco Rock Steady, de No Doubt salió en primavera. Así, para principios de junio, Hella Good ya era conocida. Layla es fan Gwen Stefani; de ida a Saltillo, al escuchar la rola, ella comenzó a hacer la mímica de lanchas de agua (como en el video).

viernes, 13 de mayo de 2005

Ah, esas mujeres I (Cómo comencé a escribir)

Y bien... después de haber pasado una semana sumamente aburrida, llega el viernes; no me quejo, pero es la verdad, la semana fue aburrida en el trabajo. Espero me den algo que hacer, que sea tranquilo, pero mínimo algo que hacer, porque ni ideas para el blog me dan.

En fin, hoy, buscando que publicar, busqué algo en mis recuerdos. Estaba pensado (y disculpe que les presuma) en cómo comencé a escribir; y no hacía falta que pensara mucho (que sería mucho pedir) para recordar la razón. Y digo "recordar" porque desde el principio estuve conciente de cómo comencé a escribir.

Así que, ahí les va la historia. Corría el otoño de 1985, quizá septiembre u octubre. Yo asistía a primaria; comenzaba a irme en el transporte escolar, donde iban otros muchos niños, de lo cuales no recuerdo a nadie, nadie si quiera con el que llevara clase. Bueno, no es cierto, sí recuerdo a una persona, pero solo la veía a la salida. Era una niña de 5to de primaria. En este momento no recuerdo ni su cara o nombre; sin embargo, recuerde que fue la primera niña que - por alguna razón - me gustó. Sé que no me han de creer (más cuando se supone que en esa época los niños odian a las niñas), pero es difícil llamarle de otra manera. Tan era así mi gusto y atracción que sentía por ella, que le escribí una carta - en maquina de escribir -. Difícilmente recuerdo lo que decía la carta, pero lo que es cierto es que hasta de matrimonio e hijos le hablaba (¡quiero ser un niño de 6 años otra vez!).

Y, sí, así comencé a escribir. Pero después de eso, creo que pasarón unos 6 años antes de que volviera escribir algo, más con esos motivos. Desde 1992 que escribí la siguiente carta con motivos amorosos no he dejado de escribir. Al principio sólo eran cartas de amor, disfrazadas de amistad; luego, comencé a escribir poemas (¡sacrilegio!, ¿cómo pensé posible que pudiera escribir poesía? Me escupo a mí mismo). Así es, todo era rosa, "shala la la"; todos los días me sentaba a escribirle a mi musa, la cual me contestaba con cosas similares - bueno, en realidad menos elaboradas, pero con el mismo fondo. Pero la misma musa que me ropmió el corazón, me hizo comenzar otra época; entonces comencé a escribir "cuentos", bueno, creo que más breves que un cuento. Alguien me dijo, que más bien parecía prosa poética; no lo sé, pero después de abril de 1997 comencé a escribir, escribir, escribir... y a escribir. Había tardes que sólo las dedicaba a escribir; no había otra cosa: "depre" y escribir. De esos días, me siento orgulloso porque pude publicar mi "depre" (logré publicar dos de mis escritos en una revista que se llama "La Ventana Cerrada", que no sé si existe aun; el chiste, es que los que escribían ahí era de los mejorcillos de Veracruz).

Desde entonces he escrito muchas cosas y, sobretodo, he querido dejar de escribir sobre mujeres... lo cual, debo confezar, es imposible. He tratado de tomar un género en particular; el cuento me sigue interesando, aunque se me hace difcil. Trato de pasar de mis pseudo cuentos (que en realidad son como unas descripciones muy largas) a verdaderos cuentos; me atrae escribir como lo hacían Poe o Cortázar (y dije "como", porque no me comparo con ellos). También me gusta escribir un estilo ensayo/editorial, como lo hace Dehesa (¿ya le pidieron que lea mi blog?). Y sobre mujeres, pues no puedo evitarlo; soy un romántico frustrado, que aparte, encuentra en las mujeres seres tan fascinantes, que no puedo evitar seguir escribiendo sobre ellas y ponerlas en varias facetas o circunstancias... aunque después no pueda compartir lo que escribo.

Ah, esas mujeres... tantas cosas que me hacen hacer... y escribir.