viernes, 13 de febrero de 2009

Desde El Asalto

Hablaba con Vandy hace unos días y le decía que últimamente no había mucho que se me ocurriera escribir, pero hoy estaba decidido a escribir algo, así que saqué del baúl de lo recuerdos algo que me pasó hace 3 viernes.

Y bien, ¿qué pasa cuando sales a una emergencia, y a penas traes para el viaje de ida? Ah, porque si no lo saben desde hace 2 meses no tengo vehículo para moverme, porque las leyes mexicanas me permiten conducir mi carrito sólo 6 meses al año, así que ahora necesito esperar hasta mayo para poder usar el carro nuevamente en fin. Pues, ¿qué pasa cuando sólo puedes hacer un viaje? Pues el regreso lo haces caminando.

Así es, y más o menos así pasó. Salí a una emergencia, pero el dinero sólo me alcanzaba para un viaje (el de ida); confiaba en que las dueñas de la rescatada (la rescatada es una computadora) tendrían un poco de cambio para ayudarme a regresar a mi casa... pero resultó que no era así. Por lo tanto, no me quedó otra que caminar de regreso a casa.

De regreso, tomé Río Nazas, viniendo de Lázaro Cárdenas. Cruzando el primer semáforo, se me apareció un tipo que me pidió 2 pesos. "Pues se los doy, porque de otra manera podría enojarse, y hacerme algo", pensé; en el acto de sacar el dinero de la bolsa del pantalón (aclaro qué bolsa, porque no fueran a pensar que estaba trabajando tiempo extra, por una zona peligrosa), el tipo me tomó por el cuello y me puso algo - que es la hora en que no sé que es - en el cuello y me pidió la cartera y el celular, hasta los clips que usaba para los lentes negros. Las tres cosas le entregué sin argumentar, el tipo me dejó ir y salió corriendo para la colonia. Yo continué mi camino hasta llegar a casa, ya sin problemas.

Ok, imagino que hay algunas preguntas, pero creo que en vez de adivinarlas, los invito a dejarme comentarios con sus preguntas, y las iré contestando.

Ahora, continuando con la historia... pues en realidad no había mucho que lamentar sobre lo perdido. La cartera estaba para el perro, de hecho llevaba varios días pensando en comprarme una nueva; en la cartera sólo llevaba mi tarjeta de débito (y en la cuenta del banco sólo tenía $20, digo, por algo venía caminando de regreso, ¿no?), la licencia de conducir, la IFE y las tarjetas de gastos médicos menores y mayores, más la tarjeta de acceso a la oficina. Todo lo anterior completamente useless para el tipo, y desde luego que todo lo podía reponer fácilmente. El celular... bueno, para los que ubican mi celular, pues saben que se confundía con juguete pirata, de hecho hacía la burla de que lo conseguí cambiando tapas de chococrispis. Y así como con la cartera, ya buscaba cambiar el teléfono; de hecho, lo único que me duele es haber perdido la lista de contactos, sólo por la hueva de volver a reunirlos. En fin, en suma, nada que lamentar realmente.

A este punto, lo único molesto es la perdida del mentado aparato, porque ahora son varios los que dicen que han tratado de contactarme, y que nunca contesto. Bueno, para la mayoría, ya saben porque no contesto, ni los mensajitos: ¡Es porque no tengo celular! De hecho, llevo esperando toda la semana a que los de Nextel se dignen a traerme el aparato nuevo... pero bueno, esa ya es otra historia. Eventualmente mí número nuevo les llegara.

Ya saben, si quieren contactarme, lo mejor es que me busquen en el Google Talk, o sencillamente me envíen un e-mail.

Lo único que puedo decir de este evento, es que el pobre wey asaltó a un pendejo más jodido que él.