miércoles, 1 de junio de 2005

Perspectivas

Hola, ¿cómo les va? Bueno, creo que estos días noté que este espacio realmente ha sido últil para la mayoría de ustedes. Les dice precisamente lo que me ha pasado durante la semana o de qué humor ando. Creo, pues, que vale la pena seguir escribiendo, porque si a la mayoría no los veo seguido, al menos así pueden sentirse más cerca de mí. Me ha sorprendido que a personas que no le dije que es lo que pasaría con mi vida a partir de mayo, lo sepan; cosas como, donde vivo, si tengo trabajo, mis planes para las tardes, etc.

Dejando atrás los asuntos vanales...

Espero que ninguno (ninguna) de ustedes algún día tenga que enfrentarse a su igual. Uso "enfrentarse" para referirme al hecho de estar cerca de interactuar a todos lo niveles. Al menos sé que tengo un igual. Lo que más disfrutaba con mi igual era charlar. Definitivamente eran ocasiones cargadas de un sin número de emociones. Eran tan fuertes esas pláticas, que terminaba cansado o con dolor de cabeza.

Y me refiero especialmente a las pláticas porque era lo que con más frecuencia compartíamos. Pero el estar juntos o ciertas actividades que haciamos juntos, tenían el mismo vigor. Casi todo era una lucha. En ambos sentidos, buscábamos hacernos reír, llorar, molestarnos, jugar, superar al otro intelectual o sentimentalmente. Sin embargo, sabíamos que en algún punto todo coincidiría; no que fuera igual (porque definitivamente, no somos exactamente iguales en todo), si no que serían tan símiles, que podría decirse que vivíamos lo mismo.

Cuando descubrimos eso, fue la parte más interesante - creo - de nuestra relación. Saber que hay alguien muy parecido a ti puede ser muy bueno o muy malo - como todo. Pero, desde luego, parece que todo quedará en que somos contrincantes, muy parecidos, pero contrincantes. Yo lo siento como esos dos viejos, de esos expertos jugadores de damas o ajedrez, que se sientan de vez en cuando a probarse; a veces uno gana o el otro, aunque también terminan en empate. No se odian, no se aman, no se dañan, no comparten su vida ni sentimientos, sólo son dos buenos contrincantes.

Y si les digo que no me gustaría que se toparan con su igual, es más que nada porque, primero, es muy difícil toparse con él. Después, puede ser muy desgastante. Aunque, si por casualidad o empeño lo encuentren, atesórenlo, quiéranlo mucho, cuídenlo y respétenlo. No dején que se vaya de sus vida. Si por casualidad se fuera, no teman, si no vuelve de todos modos hay un lazo; si vuelve, trántenlo con cuidado, pero permitan que regrese, no lo busquen, porque podría alejarse más. Así como esos viejos jugadores, uno no sería mejor, peor o tan buen jugador como el otro, si este último faltara.