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viernes, 27 de octubre de 2006

Prematuro Noviembre

No sé por qué, pero el otoño es la época del año en que me pongo, ¿cómo decirlo?, ¿más romántico?
Haciendo un análisis estadístico de los últimos (*glup*) 8 años de mi vida, durante el otoño (sobre todo durante noviembre), es cuando más enamorado me pongo.
He llegado a pensar que es una cuestión fisiológica. Procedo a explicar: digamos que psiquis detecta que diciembre, enero, están cerca. ¿Qué caracteriza a esos meses? ¡Exacto! El pinche frío de mierda que hay. Muy bien, ¿con qué se combate el frío?, that's it class! Con calor.
También, necesito explicar las expresiones anteriores, y quién mejor para explicar eso que Federico García Lorca. En La Zapatera Prodigiosa, la Zapatera, hablando con el Zapatero (disfrazado del Titiritero), cuando se despiden y él le pregunta qué quiere que le diga a su marido (el Zapatero) por si se lo topa, ella le dice: "Y no se olvide de decirle que lo espero, que el invierno tiene las noches largas.". Viendo el contexto, ella extrañaba mucho al Zapatero, porque en verdad lo amaba; de una manera muy poética Lorca describe la soledad de ella, rematando con 'el invierno tiene las noches largas', lo cual - a parte de hacer referencia al lecho matrimonial - describe hermosamente la atención que una mujer espera de su amado. Desde luego, no soy Lorca y a veces me escucho un poco burdo.
Sin embargo, cada año que pasa entiendo más que la frase. Esta no busca referirse a necesidad física (quizá sexual) de la Zapatera, si no lo que tiene que ver con ser atendida, escuchada, querida, amada; respecto a lo físico, quizá tendría que ver con tomarla de la mano, abrazarla*, incluso besarla.
No recuerdo muchos autores que relacionen amor y otoño/invierno. Recuerdo vagamente que Neruda lo hizo; quizá Salvador Díaz Mirón. Pero de ahí, creo que la mayoría ven la primavera como la mejor época para satisfacer nuestra necesidad de amor y compañía.
Mi vida durante esta época de año y mis reacciones naturales, me hacen pensar que es la época en que mis sentimientos están a flor de piel y que estoy muy sensible. Recapitulando rápidamente sobre las chavas de las que estoy enamorado, me doy cuenta que esos sentimientos nacieron en esta época. Incluso, la Ausente y Mine las conocí en esta época.
Lo que es cierto es que desde la semana pasada siento que los días de noviembre^ llegaron... pero de manera prematura. Y así, hay unos sentimientos que me devoran; mi corazón late distinto, mi sangre está más caliente y mi cabeza está ocupadísima buscando imágenes y recuerdos de esas mujeres a las que admiro tanto.
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* Aquí podría pensar en los dos acotados y abrazados en una noche de invierno; estas noches, como lo reconocemos todos, son largas. Pero son sumamente superables estando abrazado de una buena compañía.
^ Hay algo que escribí que tiene que le puse Días de Noviembre; ahí amplío un poco mi sentir sobre la época otoñal.

miércoles, 4 de mayo de 2005

La Caja de Pandora

Las cajas para mudanza siempre tienen algo de particular. Para la mayoría, mudarse no tienen gran relevancia; en mi caso, cambiar de residencia (literalmente) era de cada rato. El tiempo que más tiempo duré en un lugar, fue año y medio, es decir, me residencia actual.

Como estudiante, han habido 5 mudanzas en las que he participado que han sido importantes. La primera, cuando llegué a la universidad. La segunda, cuando me cambie de Centrales al Nueve (mi primera asignación como Prefecto). La mudanza que le ayudé a Minerva a hacer para un amigo (definitivamente, una mudanza habla de las cosas que pasaron en algún lugar). La mudanza de Minerva cuando dejaba Monterrey. La última mudanza, es mi propia mudanza fuera de Residencias.

Mi mudanza comienza no sólo por las cosas que tengo actualmente en mi cuarto, si no por aquellas que tenía guardadas desde hace años (por lo menos desde el 2003). Hoy, llegó a mi cuarto una caja enorme, llena de apuntes de primeros semestre (quiénes saben cuándo comienzan mis primeros semestres, sabrán la antigüedad de esos documentos), libros que usé durante la carrera, mis agendas (lo mismo, tenía la primer agenda de cuando llegué a la universidad) y otros documentos.

Entre los documentos, estaban un acta de nacimiento (copia original, certificada), boletas de calificaciones de secundaría y reconocimientos de karate (sí, en algún momento hice karate y fui cinta verde). También había diplomas de asistencia a congresos y simposiums. Encontré los originales de "El Hispanito", revista que publicaba (yo era fundador, colaborador y editor de la misma), los libretos de todas las obras presentadas en Difusión Cultural, desde 1998 hasta 2000, incluso programas de la SAT. Encontré los recuerdos firmados de toda la gente que se despidió de mí cuando me fui del Hispano, cuentos a medio acabar qué escribí hace por lo menos 4 años, la fotografía de generación de la prepa (y quiero decir, toda la prepa), mi foto de generación de primero de secundaria, los libretos de las obras en qué he estado (La Zapatera Prodigiosa, La Casa de Té de la Luna de Agosto, La Noche Dividida, Educadas para el Silencio y Electra). Estaban las libretas de apuntes que use hasta 6to; a esas les arranqué las hojas donde había comenzado algún cuento, frase o idea.

En fin, fue toda una experiencia limpiar la caja de todas las porquerías que guardé por tanto tiempo. Creo que en su momento tuvo un significado guardarlas; pero no puedo llevarlas todas y seguir guarándolas. Me quedé con recuerdos breves y con las cosas que puedo continuar. Las cosas significativas.

Podría decirse que encontré cierto simbolismo en limpiar esa caja; es como tirar el pasado, para seguir adelante (uh?). Sí, soné muy moralista y motivasionista (¿existe esa palabra?), pero pues fue cierto, le perdí el amor a todas esas cosas que fueron, porque ahora quiero comenzar con esto que soy.

La Caja de Pandora era una caja que guardaba todos los males del mundo, que fue abierta por Pandora (porque era muy curiosa) y los dejó escapar. Acabo de dejar ir mi pasado y sus demonios; como siempre, algunos recuerdos agradables, otros, pues que bueno que se fueron.