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sábado, 4 de noviembre de 2006

Janette Se Casó en Febrero

Hablaba con Mamá ayer. Para no variar me puso al día de todo lo habido y por haber en el rancho. No sé cómo salió, pero comenzó por decirme que Paco Mendoza, mi ex cuñado se casaba en febrero; le pregunté por su hermana Jazmín y me dijo que ella aun no se casa, que ni pretendiente tenía.

“Janette se casó en febrero…”, se le salió a Mamá, creo que cuando se dio cuenta de qué o de quién hablaba, quiso detenerse improductivamente. Me quedé callado y deje que Mamá decidiera si quería seguir con la historia.

Y sí, terminó su historia. Ahora sé que Janette se casó… las circunstancias, por alguna razón, me recuerda cuando los dos andábamos y la manera tan desastrosa en que terminó todo. Es cuando pienso que algunos nos dejamos atrapar en nuestros ciclos; entonces, cometemos los mismos errores (o simplemente vivimos lo mismo) una y otra vez. Y aunque le guardo cierto rencor a Janette, siento un poco lástima por su situación actual; si es como Mamá lo ha descrito, de verdad que tocó fondo. Aunque creo que ella se autoimpuso algún castigo. Algún día me gustaría saber… bueno, creo que de todos modos ya ni importa; saber sólo sería una manera de querer tener la razón.

Hace 9 años y 11 meses Janette y yo comenzamos a andar… antes que eso pase amargos ratos de adolescente enamorado. En aquellos días ella era mi adoración, mi único y verdadero amor. Me metí en los más terribles y vergonzosos problemas por ella. Pero cuando llegó su momento de probar su amor por mí, sencillamente fue una decepción.

Creo que nunca me he detenido a pensar en esos días, porque cuando los viví me causaron mucho dolor. Debería recapitular, para cerrar esos episodios. Lo que haya vivido, como haya sido, no debe afectarme. De hecho, soy – de alguna manera – resultado de aquellos hechos. Probablemente sea la manera en que finalmente pueda perdonarla (porque es una de las dos personas que jamás he perdonado).

Ella fue la primera mujer que me rechazó, pero también fue mi primera novia. Con ella me di mi primer beso. Ella fue la primera con la que jugué con los pies debajo de la mesa. Con ella supe lo que era compartir lugares, frases, momentos, canciones y caricias. Aprendí a hacer planes; de hecho, con frecuencia hablamos de casarnos y compartir el futuro – parecía que no había otro camino.

No sé qué pasó…

Es la hora que pienso que si estoy enojado con Janette porque de verdad la amé y ella me pagó mal. Pero pienso en qué no sé si en esos días sabía lo que era amar (es más, ¿lo sé hoy?). Y ‘pagar mal’ tiene que ver no con que no me amara igual o como esperaba, si no que me engañara y traicionara. Si no lo he dicho antes, ahora lo digo, ese es el único motivo por el que podría odiar y no perdonar a alguien: que me traicionara.

Y puedo decir que a partir de esa experiencia hay muchas que hago y dejo de hacer. Pero a fin de cuentas pienso que eso ya es mi responsabilidad.

Janette, Mine y Joselyn están casadas, las tres. Tres ciclos terminados.

lunes, 16 de octubre de 2006

Hace Poco Me Sorprendí de Sorprenderme

¡Ah!, me sorprende sobre manera que me sorprenda a mí mismo.

Creo que la última vez que de manera directa le dije a una niña que me gustaba... y que para mí sería muy agradable dar el siguiente paso, fue allá por el verano 2003. ¿La persona? La Ausente; en aquella ocasión me dijo 'no'... pero bueno, al menos no me había quedado con la duda, ni con las ganas de decirlo o intentarlo.

Pasaron tres años para que volviera a hacerlo; aunque la parte de "el siguiente paso" en realidad es un hecho irreal.

¿La historia? Hace muchos... sí, en realidad hace muchos años, cuando su servidor estaba en la preparatoria en su natal y querido Veracruz, conoció a una niña, que desde ese día le gusto, para a la manera que te gusta una niña de prepa (no hondaré en explicar cómo es eso).

He de decir que ella siempre se portó bien conmigo; eso incluye muchas cosas. En octubre del 97 nos pusimos de acuerdo algunos para ir a un congreso que organizó la prepa del Campus Central de Veracruz; Juventud Total era aquel congreso, el primero (no sé si ha habido más). Entre pequeño grupo de asistentes iba ella. Y, de hecho, fue cuando comencé a llevarme con ella.
Hasta antes de llevarme con ella, mi concepto era muy distinto sobre quién era. Imagínense una niña delgada, alta, de cabello largo negro azabache, mirada de geisha y simpatiquísima... bueno, esa es ella. Ahora, atrás de ella, imaginen a la banda de los chavos caritas y los perros habituales; a eso agreguen que de vez en cuando los ves platicar en los pasillos. ¿Qué imagen te puedes crear? La realidad, pues para mí era: "Las niñas lindas siempre van a escoger a los mejores postores... porque pueden".

Pero no, después de ese viaje a Córdoba/Orizaba, ese concepto cambió por completo. De hecho, desde ese fin de semana de otoño me enamoré de ella. Y desde entonces la halló bella, linda... no sé... a fin de cuentas, enamoramiento preparatoriano de un niño de 18 años.

De ahí adelante siempre podíamos platicar. Incluso, compartíamos clase de teatro y con frecuencia se nos veía juntos; Guille, la hermana de Selene - mi madre en el teatro -, viéndonos abrazados (yo, mano cintura de ella; ella, brazo en mis hombros) nos pregunto: "¿Andan?". Yo me hice de lo más wey que podría; ella dijo que no, que su novio estaba en Morelia (era un jugador de los Monarcas, recién vendido de los Tiburones).

Cosas así me hizo no verla más que como inalcanzable. De hecho, pensaba que al terminar la prepa ella se casaría con el tipo (oigan: si sabes que el novio de una chava es jugador, que le pagan con 5 dígitos y por cada gol que mete le dan un bono de lo doble que gana y no tiene ni 25 años... ¿a poco es fácil creer que lo dejaran ir?), pues hablaba maravillas del tipo. Yo buscaba, en mi realidad, que la Tamayo me aceptara en esos días... cosa que tampoco pasó.

Era diciembre del 2004, la primera o la segunda semana; Poncho Cárdenas, Rafa Morán y su primo nos lanzamos por unos litros a la Cabaña. Durante ese rato vi llegar a esta niña, que iba vestida con vestido de noche, largo, azul turquesa... ella, delgada, alta, con el cabello negro, largo y azabache, con mirada de geisha... "¡Hola!", me dijo y abrazó cuando nos reconocimos. Ese hecho, el volvernos a encontrar después de 7 años de no saber nada uno del otro, era una señal divina.

Pues no, no era una señal divina de ningún tipo. Era otro engaño que me jugaba a mí mismo. Pasaron casi dos años desde que nos vimos esa vez y aunque hice mis esfuerzos... bueno, como siempre digo, "llegaba tarde". Todo terminó cuando ella dijo: "¿Qué crees? Conseguí trabajo en Veracruz... ¿qué bien, no? ¡Me regreso para allá... a mi casita, con mi familia!". - "Uy sí, qué maravilloso", pensé, aunque creo que lo que salió de mí en realidad se resume con: "Ah, órale... qué bien", fingiendo alegría. Y aun al final, antes de que se fuera pensé que debía decir algo de lo que sentía por ella... pero no pude.

Yo no estaba contento, porque sentía que las circunstancias alrededor de todo ese tiempo habían sido medio injustas... siempre es así cuando las cosas no funcionan como se espera.

¿Cuál es el final? Pues no hay final... aun. El miércoles pasado ella se conectó con el messenger. Y por alguna razón, sentía que era "ahora o... sigue esperando, wey". - "Oye, hay algo que debo decirte... ¿sabes? para mí eres una bien linda y me gustas mucho", le confesé. Ella me dijo que la había tomado por sorpresa; yo le platiqué esta historia desde que nos volvimos a encontrar (se sobre entendía la historia de prepa). - "¿Sabes? Voy a ir de visita a Monterrey", me dijo. No logré que me diera una explicación concreta sobre sus razones para venir, pero vendrá y la veré... y ya lo sabe. - "Extraño Monterrey, eso es todo... entonces, nos podremos ver", fue la única explicación.

Entonces, quizá (y sólo quizá) pueda llevarla a algún lugar, una tarde de otoño o invierno... vaya, ¡no sé!... primero que venga y luego veo a dónde salimos... y si es que algo de ha pasar.

¿El final? Pues no... de hecho, creo que no habrá fin porque, veamos: ella en Veracruz, yo en Monterrey... no me voy a engañar. Pero si por lo menos puedo disfrutar de sus encantos una vez, sólo una vez...

A todo esto, ¿por qué me sorprende que me sorprenda a mí mismo? Porque me sorprendí confensandome con ella, cuando en cualquier momento temería al rechazo y no lo haría. Ahora, descubrí lo maravilloso de hablar lo que se siente; que el miedo es una negación a lo que crees que sucederá y tratas de evitarlo. Pero el sentimiento de tranquilidad es bueno... y el pretexto de seguir enamorado es aun mejor.

miércoles, 4 de mayo de 2005

La Caja de Pandora

Las cajas para mudanza siempre tienen algo de particular. Para la mayoría, mudarse no tienen gran relevancia; en mi caso, cambiar de residencia (literalmente) era de cada rato. El tiempo que más tiempo duré en un lugar, fue año y medio, es decir, me residencia actual.

Como estudiante, han habido 5 mudanzas en las que he participado que han sido importantes. La primera, cuando llegué a la universidad. La segunda, cuando me cambie de Centrales al Nueve (mi primera asignación como Prefecto). La mudanza que le ayudé a Minerva a hacer para un amigo (definitivamente, una mudanza habla de las cosas que pasaron en algún lugar). La mudanza de Minerva cuando dejaba Monterrey. La última mudanza, es mi propia mudanza fuera de Residencias.

Mi mudanza comienza no sólo por las cosas que tengo actualmente en mi cuarto, si no por aquellas que tenía guardadas desde hace años (por lo menos desde el 2003). Hoy, llegó a mi cuarto una caja enorme, llena de apuntes de primeros semestre (quiénes saben cuándo comienzan mis primeros semestres, sabrán la antigüedad de esos documentos), libros que usé durante la carrera, mis agendas (lo mismo, tenía la primer agenda de cuando llegué a la universidad) y otros documentos.

Entre los documentos, estaban un acta de nacimiento (copia original, certificada), boletas de calificaciones de secundaría y reconocimientos de karate (sí, en algún momento hice karate y fui cinta verde). También había diplomas de asistencia a congresos y simposiums. Encontré los originales de "El Hispanito", revista que publicaba (yo era fundador, colaborador y editor de la misma), los libretos de todas las obras presentadas en Difusión Cultural, desde 1998 hasta 2000, incluso programas de la SAT. Encontré los recuerdos firmados de toda la gente que se despidió de mí cuando me fui del Hispano, cuentos a medio acabar qué escribí hace por lo menos 4 años, la fotografía de generación de la prepa (y quiero decir, toda la prepa), mi foto de generación de primero de secundaria, los libretos de las obras en qué he estado (La Zapatera Prodigiosa, La Casa de Té de la Luna de Agosto, La Noche Dividida, Educadas para el Silencio y Electra). Estaban las libretas de apuntes que use hasta 6to; a esas les arranqué las hojas donde había comenzado algún cuento, frase o idea.

En fin, fue toda una experiencia limpiar la caja de todas las porquerías que guardé por tanto tiempo. Creo que en su momento tuvo un significado guardarlas; pero no puedo llevarlas todas y seguir guarándolas. Me quedé con recuerdos breves y con las cosas que puedo continuar. Las cosas significativas.

Podría decirse que encontré cierto simbolismo en limpiar esa caja; es como tirar el pasado, para seguir adelante (uh?). Sí, soné muy moralista y motivasionista (¿existe esa palabra?), pero pues fue cierto, le perdí el amor a todas esas cosas que fueron, porque ahora quiero comenzar con esto que soy.

La Caja de Pandora era una caja que guardaba todos los males del mundo, que fue abierta por Pandora (porque era muy curiosa) y los dejó escapar. Acabo de dejar ir mi pasado y sus demonios; como siempre, algunos recuerdos agradables, otros, pues que bueno que se fueron.

lunes, 18 de abril de 2005

Aquello que envidio

Las parejas, eso es una de las cosas que envidio, al menos en este momento.

Envidio la manera en cómo se abrazan y se miran; las cosas que hablan, por cursis que sean. Los mensajes cada cinco minutos, las chorrocientas llamadas diarias. Las charlas interminables por teléfono. La mirada de ellas que los derrite a ellos; el timbre de voz de ellos que alborota las entrañas de ellas. El disfrutar el aroma de ellas y el cabello de ellos.

Envidio las parejas cuando van tomadas de la mano; pero envidio más aquellos que yendo de la mano, en su cara se nota lo mucho que lo disfrutan. Envidio aquellos que les cambia la voz cuando contestan el teléfono y, por más duros, se convierten en cachorros mimados. Que digan "yo también" cuando le dicen te quiero, y cuando dicen "te quiero" después de un silencio.

Envidio verlos sentados, riéndose y dándo besos a discresión. Verlos acostados en las piernas de su pareja o tirados juntos en el césped. Estar abrazados largo tiempo, sin decir nada; cuando van caminando, ella abrazada de su brazo y su cabeza encontrar su lugar en el hombro de él. Envidio los que celebran cualquier aniversario como si fueran la primera vez que salen. Aquellos que comparten su íntimidad sin pena, ni compromiso o vanalidad.

Envidio esos largos besos, sobretodo aquellos en que la lengua de uno toca los labios del otro. También esos besos a mordidas. La emoción de verse, aunque han sido unas horas las que no se han visto. De los detalles: las flores, los post-its en el carro, los chocolates, el helado como tierra de maseta, las cenas sorpresas, las serenatas, los osos, los conciertos, las muñecas, etc. Envidio los poemas cursis, las canciones dedicadas en la radio y cuando se pasan a buscar al final de una clase.

Envidio cuando se quedan callados y sólo se ven, disfrutando sólo el hecho de estar ahí. Los letreros con "Te Amo", las fotos juntos o las tarjetas con mensajes. El "nosotros", "juntos para siempre" y "Eres lo mejor que me ha pasado". Las salidas a solas y ver la tele abrazados; el salir con los amigos y que todos sepan que son pareja. El "mi bebé", "mi amor", "chaparra", "cosita" y los demás sobrenombres. Cuando ella dice que es de él; cuando él dice que no hay nadie que lo haga más feliz.

Pero sobretodo envidio las parejas que son para siempre, aquellas que realmente se aman y crecen juntos; aquellos que se descubren todos los días, que entre más se conocen, más se aman. Envidio a los 'rotos' que encuentran a sus 'descocidos', los hayan a su 'media naranja'. Los que son fieles a pesar de la distancia y las circunstancias.

Dicen que envidiar es malo, que es pecado. Yo creo que envidiar es querer lo que no se tiene; porque todos envidiamos cosas buenas para nosotros, malo cuando se vuelve nuestro motivo de vida. Yo envidio a las parejas, porque no soy pareja de nadie. Pero todo está bien, algún día alguien habrá a mi lado y será alguien más quien me envidie... mientras, podré disfrutar todo lo que ahora envidio.