lunes, 16 de octubre de 2006

Hace Poco Me Sorprendí de Sorprenderme

¡Ah!, me sorprende sobre manera que me sorprenda a mí mismo.

Creo que la última vez que de manera directa le dije a una niña que me gustaba... y que para mí sería muy agradable dar el siguiente paso, fue allá por el verano 2003. ¿La persona? La Ausente; en aquella ocasión me dijo 'no'... pero bueno, al menos no me había quedado con la duda, ni con las ganas de decirlo o intentarlo.

Pasaron tres años para que volviera a hacerlo; aunque la parte de "el siguiente paso" en realidad es un hecho irreal.

¿La historia? Hace muchos... sí, en realidad hace muchos años, cuando su servidor estaba en la preparatoria en su natal y querido Veracruz, conoció a una niña, que desde ese día le gusto, para a la manera que te gusta una niña de prepa (no hondaré en explicar cómo es eso).

He de decir que ella siempre se portó bien conmigo; eso incluye muchas cosas. En octubre del 97 nos pusimos de acuerdo algunos para ir a un congreso que organizó la prepa del Campus Central de Veracruz; Juventud Total era aquel congreso, el primero (no sé si ha habido más). Entre pequeño grupo de asistentes iba ella. Y, de hecho, fue cuando comencé a llevarme con ella.
Hasta antes de llevarme con ella, mi concepto era muy distinto sobre quién era. Imagínense una niña delgada, alta, de cabello largo negro azabache, mirada de geisha y simpatiquísima... bueno, esa es ella. Ahora, atrás de ella, imaginen a la banda de los chavos caritas y los perros habituales; a eso agreguen que de vez en cuando los ves platicar en los pasillos. ¿Qué imagen te puedes crear? La realidad, pues para mí era: "Las niñas lindas siempre van a escoger a los mejores postores... porque pueden".

Pero no, después de ese viaje a Córdoba/Orizaba, ese concepto cambió por completo. De hecho, desde ese fin de semana de otoño me enamoré de ella. Y desde entonces la halló bella, linda... no sé... a fin de cuentas, enamoramiento preparatoriano de un niño de 18 años.

De ahí adelante siempre podíamos platicar. Incluso, compartíamos clase de teatro y con frecuencia se nos veía juntos; Guille, la hermana de Selene - mi madre en el teatro -, viéndonos abrazados (yo, mano cintura de ella; ella, brazo en mis hombros) nos pregunto: "¿Andan?". Yo me hice de lo más wey que podría; ella dijo que no, que su novio estaba en Morelia (era un jugador de los Monarcas, recién vendido de los Tiburones).

Cosas así me hizo no verla más que como inalcanzable. De hecho, pensaba que al terminar la prepa ella se casaría con el tipo (oigan: si sabes que el novio de una chava es jugador, que le pagan con 5 dígitos y por cada gol que mete le dan un bono de lo doble que gana y no tiene ni 25 años... ¿a poco es fácil creer que lo dejaran ir?), pues hablaba maravillas del tipo. Yo buscaba, en mi realidad, que la Tamayo me aceptara en esos días... cosa que tampoco pasó.

Era diciembre del 2004, la primera o la segunda semana; Poncho Cárdenas, Rafa Morán y su primo nos lanzamos por unos litros a la Cabaña. Durante ese rato vi llegar a esta niña, que iba vestida con vestido de noche, largo, azul turquesa... ella, delgada, alta, con el cabello negro, largo y azabache, con mirada de geisha... "¡Hola!", me dijo y abrazó cuando nos reconocimos. Ese hecho, el volvernos a encontrar después de 7 años de no saber nada uno del otro, era una señal divina.

Pues no, no era una señal divina de ningún tipo. Era otro engaño que me jugaba a mí mismo. Pasaron casi dos años desde que nos vimos esa vez y aunque hice mis esfuerzos... bueno, como siempre digo, "llegaba tarde". Todo terminó cuando ella dijo: "¿Qué crees? Conseguí trabajo en Veracruz... ¿qué bien, no? ¡Me regreso para allá... a mi casita, con mi familia!". - "Uy sí, qué maravilloso", pensé, aunque creo que lo que salió de mí en realidad se resume con: "Ah, órale... qué bien", fingiendo alegría. Y aun al final, antes de que se fuera pensé que debía decir algo de lo que sentía por ella... pero no pude.

Yo no estaba contento, porque sentía que las circunstancias alrededor de todo ese tiempo habían sido medio injustas... siempre es así cuando las cosas no funcionan como se espera.

¿Cuál es el final? Pues no hay final... aun. El miércoles pasado ella se conectó con el messenger. Y por alguna razón, sentía que era "ahora o... sigue esperando, wey". - "Oye, hay algo que debo decirte... ¿sabes? para mí eres una bien linda y me gustas mucho", le confesé. Ella me dijo que la había tomado por sorpresa; yo le platiqué esta historia desde que nos volvimos a encontrar (se sobre entendía la historia de prepa). - "¿Sabes? Voy a ir de visita a Monterrey", me dijo. No logré que me diera una explicación concreta sobre sus razones para venir, pero vendrá y la veré... y ya lo sabe. - "Extraño Monterrey, eso es todo... entonces, nos podremos ver", fue la única explicación.

Entonces, quizá (y sólo quizá) pueda llevarla a algún lugar, una tarde de otoño o invierno... vaya, ¡no sé!... primero que venga y luego veo a dónde salimos... y si es que algo de ha pasar.

¿El final? Pues no... de hecho, creo que no habrá fin porque, veamos: ella en Veracruz, yo en Monterrey... no me voy a engañar. Pero si por lo menos puedo disfrutar de sus encantos una vez, sólo una vez...

A todo esto, ¿por qué me sorprende que me sorprenda a mí mismo? Porque me sorprendí confensandome con ella, cuando en cualquier momento temería al rechazo y no lo haría. Ahora, descubrí lo maravilloso de hablar lo que se siente; que el miedo es una negación a lo que crees que sucederá y tratas de evitarlo. Pero el sentimiento de tranquilidad es bueno... y el pretexto de seguir enamorado es aun mejor.