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miércoles, 22 de noviembre de 2006

Ocean's Elven

Ayer vi – otra vez – Ocean’s Eleven; aunque no es una de las grandes realizaciones cinematográficas de la historia humana, se me hace una película bastante entretenida. Tampoco es la primera en su género, pero cuando salió, a la par vinieron otras películas de embaucadores y ladrones haciendo grandes robos y estafas.

De hecho, después de ver Ocean’s Eleven y The Italian Job pensé que ser un ladrón internacional no debería ser tan malo. La verdad es que las emociones y retos están de a peso. Y si me tocara ser el tipo de las computadoras, pues en realidad me toca estar lejos de los disparos y el asunto peligroso. Sí, cómo no… ha de ser una vida emocionante.

Pero más emocionante son los botines. Tan sólo en la película de Ocean’s Elven, el robo a los casinos es fue de aproximadamente $160’000,000.00 USD, que divididos entre los asaltantes es de poco más $13’000,000.00 USD (que es cerca de $145’000,000.00 MX). Ayer empecé a hacerme ilusiones sobre qué podría hacer con esa cantidad de dinero… o sea, no dudo que no estuve lejos de tener un orgasmo, al menos mental.

De entrada le compraría a Papá un rancho como de 10 hectáreas, con todo y ganado (con él, dinero para echarlo a andar y mantenerlo por un año). A mis papas les compraría la casa que tanto quieren en Costa de Oro (Veracruz, Veracruz), un carro a cada quien y dinero como para 2 años (para pagar mantenimiento de la casa, tenencias y otras cosillas). A mi hermano, a parte de comprarle el carro que quisiera (con valor no máximo a un mini), le dejaría un fideicomiso para su universidad y postgrado (de llegar a quererlo), para que no tuviera que preocuparse por nada más, si no hasta graduarse. A Abuela le pondría una pensión, para asegurar el tiempo que le queda con nosotros. Daría unas inversiones moderadas a algunos de mis amigos, para echar a andar esos negocios que por tanto tiempo han tenido en mente.

Por mi parte, pagaría mis deudas, me pagaría la maestría en Berkeley (quizá el doctorado también, ¿por qué no?) y compraría un mini; claro, viajaría todo lo que nunca he viajado. Ah, echaría a andar al menos uno de mis proyectitos.

¿Qué tal la pachequeada, eh? Ya hasta me veía tomando el sol junto a la alberca, mirando a la playa, desde mi casa californiana. Pero bueno… gracias a Dios, soñar no cuesta nada.

Así es, Ocean’s Eleven es una historia un tanto entretenida para mí. Además, no puedes evitar sentirte atraído a los personajes (como por ejemplo Rusty, Reuben y Saul), porque cada uno tiene sus puntadas como individuo (pareciera como que hubo una precuela de la película). Además, es una película que no ofrece sexo en ningún nivel, excepto el encanto de Julia Roberts; o sea, se podría decir que es una película bastante entretenida y atrayente, para no tener sexo, ni violencia (bueno, un poco de violencia verbal nada más).

Parecería que al final el dinero compra la felicidad. En la película de algún modo lo hace, porque en el fondo, todo fue planeado para que Tess regresara con Daniel. Y no es que el dinero fuera a hacer mi vida mejor o sólo a través de él logrará la felicidad; pero al menos me compraría un poco de tranquilidad. Sin embargo, hoy soy un soñador enamorado muy feliz, con trabajo, con salud, con amigos, familia, retos, problemas y una vida por delante (quizá sólo falta con quién compartirla). “Eso debe ser la felicidad”.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Dejen Que La Cafeina Se Acerque A Mí

Creo que de las mejores compras que hecho en este año, fue la cafetera. No saben… es un placer sin igual poder beber café en el momento que se ofrece. Y no café instantáneo, ni de bolsita, no, café, molido, con cafeína, natural, sin procesar. Pones unas cuantas medidas en cono de la cafetera, agua y ¡listo! Café casero sin descafeinar.

Ah, y en estos días otoñales, con lluvia y con bajas temperaturas, es toda una bendición. Me ayuda a luchar contra la hueva de mitad de la tarde, mantenerme despierto y ser un poco más productivo. Además, beber café de por si es un placer. Pero, ¿qué tal? Mientras escribo esto, bebo café, ¿eh? Durante casi un mes bebí café Andrade… o sea, ni si quiera el café de $20 que venden en el trabajo tiene esa calidad. Un litro diario de café para mantener el cuerpo hidratado, además de despierto (por la cafeína y por las continuas idas al baño).

En la casa, después de comer o en las nochecitas, al ver la tele o una película… no no no, no lo pueden dejar pasar. O para leer o hacer algo de trabajo de imaginación o intelectual. Qué bárbaro, el café es algo así como la cerveza de las fiestas. O sea, la cerveza es la bebida ideal para las fiestas con los cuates (bueno, se ha vuelto algo así como mi standard después de vivir algún tiempo en Monterrey); el café es la bebida ideal para todo lo que he descrito antes.

Y ustedes pensaran que me la he de pasar de hiperactivo después de beber café. Pues no. Para alguien que nació en el regazo de una familia muy bien dotada de cafeína, eso no es nada, de verdad. Abuela hacía litros de café… sólo en la mañana para satisfacer a su demandante familia, sedienta de café, sin contar visitas. Pensar que antes de regresar a desayunar, Papá su primer comida es café; luego de sus vueltas, regresa a desayunar lo que le pongan… y café.

Pero en mi casa el café se estila negro, como Dios lo puso en el mundo. Sin leche, azúcar o crema, sólo café, negro. Papá y Mamá ahora lo toman descafeinado, dizque que con cafeína ya le cae mal a Papá – aunque siempre ha dicho que si toma café en las noches, no duerme… bah, puras ideas.

Por lo pronto estoy tomando un café del que esperaba más. El siguiente mes compraré Kasinka, a ver a qué sabe. Si no, mandaré a traer Bola de Oro, o alguno otro chido de Veracruz, quizá Café de la Parroquia. Incluso alguno de Chiapas, que también es delicioso. A lo mejor me aventuro a comprarlo en Starbucks, alguno de Guatemala o Colombia, no lo sé… ¡hay un mundo de café, esperando ser bebido!

Y una bendición tras otra: Dios no dio el café, ¿no? Bueno, a algún cafeinomano desesperado le debemos de agradecer la cafetera eléctrica. A Dios y al cafeinomano les debo de agradecer que: 1) No gasto dinero extra en el trabajo; 2) No bebo café sin cafeína; 3) No bebo café que me deja la sensación de insecticida; 4) Bebo café de altura y de la mejor calidad… todos los días. ¿Puede ser alguien más bendecido?

En fin, si no tienen nada que hacer una de estas tardes y quieren una buena charla, llámenme, prepararé la cafetera y podremos disfrutar de una buena charla y un excelente café… ¡no lo piensen!

viernes, 10 de febrero de 2006

"¿Sabes qué? Que te quiero mucho"

Sé que les atraerá el título. Sé que querran saber quién me lo dijo (porque de otra de otra manera no lo hubiera puesto entre comillas).

Bueno, pero antes dejen que les platique de mi abuelita. Mi abulieta es una señora que anda alrededor de los 80 (me imagino que como toda mujer, no le gusta decir su edad). Doña Edith Capitaine Coutorier, progenitora de mi padre, es una señora que de haber sido de estirpe italiana, nos hubiera vuelto a todos una especie de familia Corleone, comenzando por mí papá (el mayor de los varones).

Mi mamá me ha platicado unas historias, que en parte me tocaron verlas y vivirlas. Como la típica mamá de mediados del siglo XX, hacía de comer como si todo un regimiento completamente hambriento fuera a comer a la casa; aunque estamos hablando que en la familia eran 7 hijos (Edith, Lourdes, Gerardo, Pablo, Elizabeth, Eduardo y Ernesto) más Don Gerardo (es decir, mi abuelo), más los que caían y los que ayudaban en la casa - entonces creo que sí, estamos hablando de un número respetable de personas que alimentar. Las horas para comer, ver la tele y dormir son claros en casa de mis abuelos; mi abuela es como el sol y la luna en eso. De ahí que era la que ponía orden, por ejemplo, en la mesa entre los hijos y los nietos. Yo odiaba ir a San Rafael (lugar de origen de la familia Thomas) por el hecho de aguantar levantarme a las 5:30 am para desayunar con mis abulos; y aunque las otras comidas tenían horarios más flexibles, el hecho de tener que comer todo lo que me servía mi abuela y no poderme levantar, bajo la amenza de ser ajusticiado por el famosísimo 'amanzalocos'. Todo era un suplicio: mi abulea praticamente me tenía vigilado todo el tiempo y para todo había un fuerte 'no'.

Así, mi abuela para mí era el verdugo más inescrutable y descorazonado que existía. La imagen de mi abuela no era la que tenía del resto de las abuelitas que conocí o mi abuela postiza (porque tengo una abuela postiza). De hecho, podría decir que mi abuela y yo no nos llevabamos de ninguna manera; todo pintaba para que las cosas así fueran.

Pero algo paso: mi abuela cambió. ¿Cómo?, ¿Por qué?, ¿De qué?, ¿Cuándo? Bueno, definitivamente hay muchas razones e historias. Pero esa mujer implacable y dura, se ha convertido en una dulce y amorosa abuelita. Ella misma se ha dado cuenta que ser así, le trae más gustos que antes.

Hoy, llamó a mi papá que estaba en casa de mi abuela para hablar de negocios y me contesto mi abuela. En su platica se veían las ganas de charlar conmigo y antes de soltar el teléfono para darselo a mi papá, sin que el la escuchara, me dijo: "¿Sabes qué? Que te quiero mucho".