jueves, 15 de septiembre de 2005

El hombre del piano

Pianoman, es el sobrenombre de William Martin Joel, mejor conocido como Billy Joel. Bueno, más o menos la historia es que cuando él comenzó a tocar, lo hacía en bares y restaurantes; la gente lo comenzó a conocer como Pianoman (lo que no sé es que si ese sobre nombre se lo dió la gente o él se lo puso, porque según su biografía se presentaba como "Billy Martin"). Tiempo después, escribió la canción de Pianoman, en la que precisamente habla de su experiencia como pianista de bar.

Desde que conozco la canción, siempre he tenido un deseo: ir a un típico bar norteamericano - como el de la serie de Cheers -, que toquen Pianoman y ver cómo reacciona la gente del lugar. Si es cómo imagino, terminaré con mi voz cantando con la gente.

Pianoman nos habla de la vida en un bar cualquiera, quizá como cualquiera del mundo. La canción tiene un sentimiento de alegría, pero a la vez es como triste, por las imágenes de sus personajes; de hecho, en México, Mexicanto - un dueto que canta trova - tomó esta canción y la interpretan a su manera y estilo, aunque en español le pusieron otra letra, la canción se llama "El hombre del piano". Pianoman relata con imágenes muy vívidas personajes típicos de un bar y cómo se desenvuelven en el mismo. Imagíneselo:

Un sábado por la noche, cerca de las nueve de la noche, después de una semana de trabajo y preocupación, ¿qué haces? Alguien diría: "vamos por unos tragos". En un bar como cualquiera, hay un hombre sentado en la barra, el típico borrachín que un momento es risas y el otro lagrimas, está agarrado de su botella ginebra, la agarra y bebe de ella, como cual amante. Esa noche, como tantas quizá, se acerca al pianista y le pide que toque una canción. "Hijo, ¿puedes tocarme una canción? No recuerdo cómo va, sólo sé que es triste y alegre. Yo me la sabía completa, cuando era más joven...".

En la barra, un hombre gordito y alegre, despacha las bebidas. El hombre es genial: siempre sonriendo, siempre bromeando. De vez en cuando, piensa en lo que podría ser si no trabajará ahí, porque siente que en vez de barman sería una gran estrella cine.

En una mesa conversan dos hombres. Uno es novelista y el otro es un marino. El primero se dedica tanto a su oficio que nunca ha tenido tiempo para una esposa. El otro prefiere la vida de marino, quizá no sea bueno para otra cosa o sencillamente le gusta mucho esa vida, que aunque tuviera la oportunidad de dejarlo, a lo mejor lo será de por vida. También anda por ahí una mesera, que es una experta en las relaciones públicas y la política; por ser mujer, debe lidiar con todos los hombres y especialmente los borrachos, así que saber como atender y tratar la gente es primordial, sobretodo para obtener buenas propinas. En otro mesa, unos hombres de negocios brindan: "Por la soledad"; por raro que esto sea, por patetético que esto pueda ser, es mejor dar un brindis por la soledad, que beber con ella.

Así, todos en el bar, cada quién en sus historias y bebidas, todos inmersos en la música, se olvidan de la vida y las preocupaciones, de las que fueron, son y serán. Todos en el bar buscan la felicidad y la tranquilidad, aunque sea por un rato. La música del piano inunda el lugar; de repente hay gente coreando la música, otros quizá solo mueven la cabeza o siguen el ritmo con los pies. En unas mesas juegan domino, en otras cartas, algunos verán la tele o reiran de anecdotas y chistes, pero en dado momento todos ponen atención al piano, a la música que surge de él y todos se sienten como una hermandad; todos, como hermanos, comienzan a corear las canciones que toca el hombre del piano, el hombre que los hace feliz y ambienta su alegría. Así, cada uno al salir le dejan propinas en su jarra, agradecidos por la música que los ayuda a olvidar y ser felices.