jueves, 29 de septiembre de 2005

Ganar y Perder II

Y que ganas las mías de seguir azontándome, ¿no? Pues sí, "el dolor hace pensar al hombre. La sabiduría hace la vida llevadera".

Continuando con la discusión anterior, aprovecho para aclarar algunas cosas. No me gusta perder, lo odio. Ustedes no saben cómo me pongo cuando pierdo; cuando era niño, hasta lloraba del coraje. Berría y pataleaba, hasta gritaba de la rabia. Ahorita, son horas, días, semanas, meses y hasta años para asimilar alguna vez que me haya tocado perder.

Hay corajes, derivados de perder, que aun no asimilo. O sea, de vez en cuando vienen a mí, los proceso y los vuelvo a guardar, porque es una manera de aprender, pero sin que me lastime. Ya no hago los berrinches de cuando era niño, aunque eso no quiere decir que no me da coraje perder.

Otra vez, 'no soy lo que quiero ser, si no lo que puedo ser'. Tampoco me gusta aceptar eso, pero desgraciadamente es la realidad (algunos razonamientos están en el blog anterior).

Me da coraje perder, pero también me da coraje doblar las manos y actuar como si nada hubiera pasado (incluso llegar al grado de no pretender, si no efectivamente estar en estado de "nada ha pasado"). Sí es sano, pero para la gente es un estado de doble perdedor. O sea, pierdes en algo y luego "nada pasa". La mayoría de la gente piensa dos veces en hacer algo a alguien, porque está casi seguro que la respuesta de la otra persona será enojo ó violencia; si haces algo y la otra persona es capaz de hacerte daño. Exactamente, sabes que lo más seguro es que se vengará; entonces tienes que ser muy cuidadoso de esa persona, al punto que no le harás nada que pueda resultar en su venganza, que quizá sea peor que lo que le hiciste.

Pero, ¿qué pasa con una persona que no se venga? Y quiero englobar en "venganza" cualquier cosa negativa que se le haga a otra persona, como resultado de una acción erronea de esta; desde un grito, intercambio de palabras, gritoneada, insultos, golpes o hasta una acción. Así es, ¿qué pasa si sabemos que una persona no actua de manera negativa en nuestra contra o no se vengará? Nos vale. Sí, eso, nos vale. Sabemos perfectamente que cuantas veces le hagamos algo, siempre lo dejará pasar y las cosas no cambiaran.

Se confunde ser "manso" con "menso". Quiero pelear con mi novio, pero siempre tener un amigo ('menso') con el que no quiero pelear, a pesar de lo que le haga. Y siempre te van a llegar con eso de "te quiero", eres lo máximo, que a veces me suena a "¿sabes que eres mi amigo porque te puedo hacer lo que quiera y como quiera siempre que te pida perdón me aceptaras de vuelta?". Y tú, lector, lectora querida, dirás: "Pues que wey estás". Quizá, pero Cristo dijo que debíamos perdonar siempre. Aunque una cosa es que uno sepa perdonar y la otra es que los demás no sepan valorar ese perdón.

Entonces, personalmente, caigo en esa discrepancia de pasar la vida buscando motivos para estar enojado con la gente, diciéndole sus verdades, recordandole sus errores (para que sientan lo que se siente) y buscar la oportunidad de hacerlos miserables, para que vean que son tan miserables como cualquiera, que de ninguna manera me gusta que me hagan sentir mal, ni que me gusta que se burlen de mí o ser el perdedor siempre. La otra cara de la moneda es: perdonar y olvidar; el precio es que, en este universo, quién no te hace sufrir no te interesa. Parece ser que muchos prefieren que les hagan sufrir, para estar cerca de su sadista; no los hacen sufrir, no les interesa.

Así, odio aceptar una situación con la que no estoy de acuerdo. Odio que la gente sepa que no los haré sufrir, que dejaré pasar sus errores y que los perdonaré. Odio que me busquen sabiendo eso. Lo que más odio, es que sabiendo eso, no hacen nada para valorarlo. Y de la mano con eso, odio que no vean eso como un valor, si no como una debilidad.

Por mi parte, no puedo dejar de ser como soy. La mayor parte del tiempo me disculpo, perdono y olvido porque soy demasiado bueno, tanto que la mayoría lo confunde con ser pen...

Creanme, ser bueno no te hace ganar novia, tampoco te vuelves la persona deseada, mucho menos el alma de la fiesta. Ser el bueno te hace ganar amigos y amigas (y no saben cuántas, uffff, chingos de amigas que no querran verte de otra manera que no sea verte como amigo, ¿qué padre, no?, ¿quién no querrá ser bueno siempre?); ser el bueno, no te deja jugar en el papel del malo (que por lo regular, es quién se queda con la chica) y cuando lo intentes, te vas a ver mal o los demás se encargaran de regresarte al papel del bueno. Y siempre que la gente sepa que eres el bueno, te buscará para que los hagas sentir bien, los regeneres, los ayudes, los diviertas y entonces salgan a hacer de su vida un desmán, sean heridos, golpeados, ofendidos, insultados, maltratados y demás males que no eres capaz de hacerles. Ser bueno te abre muchas puertas, pues la gente siempre aprecia a alguien que es como aguas calmadas; pero está bien después para un rato, porque las aguas con olas son más divertidas. Ser bueno mejora tu salud; pero ser bueno, para la mayoría, es sinónimo de mongolismo. Ser bueno, es ser perdedor la mayor parte del tiempo, es ser el amigo en vez del novio, es ser el payaso en vez del amante, es la risa en vez del beso y aburrido en vez de interesante.

Y no, no estoy amargado, porque ser bueno no te deja ser amargado (apunten eso entre las ventajas puras). Pero no por ser bueno, no quiere decir que no pueda estar enojado. He aquí la única ventaja de ser bueno: quién es bueno, esa persona sabe que lo que hace es lo correcto. A los buenos nos queda esa satisfacción, que aunque no sea lo mejor, que no sea la ventaja, no ganemos y doblemos los brazos por los demás, sabemos que es lo correcto; desde luego, para todos los demás seguiras siendo un perdedor, un chico bueno, pero un perdedor.