viernes, 11 de agosto de 2006

El 10 de Agosto Anterior

Antes que nada... Voy a hacer un esfuerzo - grande -, para que de ahora en adelante lo que publique a través del blog tenga calidad de editorial. Todo sea para seguir siendo un ejemplo de las buenas costumbres al escribir, la ortografía y la gramática. A ver qué puede hacer el 'check spelling' de Outlook.

En fin...

Ayer fue cumpleaños de mi papá (10 de agosto); llegar a los 55 años con tan buen sazón... Vaya, mi papá es mi héroe. Por alguna razón, hoy me dio por revisar que escribí el año pasado. Resulta que en el mismo día, escribí sobre uno de los días más alegres del año pasado. Lo irónico del asunto es ayer no fue precisamente un día "alegre".

Como que ya traigo cargando algunas cosas que me han tenido incómodo (algunos las conocen); luego, a veces, en la oficina se me cargan otras cosas, como no poder hablar sin que algo que digas, inmediatamente se convierta en un albur o algo por el estilo. A parte, en el trabajo, las ineptitudes de los tipos que nos pasan trabajo, nos cargan de otras responsabilidades, pues como empresa finalmente debemos cumplir al cliente, a pesar de que estas personas ni siquiera son de la empresa.

Ayer hubo altas y bajas. Ya había superado algunas cosas; pero lo que medio me reventó al final fue el partido de volley-ball. Con el afán de ganar y "demostrar" que juega, un compañero (que yo creo que es como 4 o 5 veces yo) me quitó juego y hasta me "atropellaba". De plano, me puso de malas; se lo dije, a mi manera. Obvio, la respuesta fue "bueno, ya... Ándale, hay que echarle ganas"*. Perdimos el partido de semifinal; no me sentí satisfecho... Ni modo, si no la ganas, la pierdes.

Ahora, corro a bañarme a la casa, para irme al "juevecitos". Me encanta sentarme a platicar con Cuervo y Niño; a lo mejor su manera de escuchar es como la del Lic Mendoza: te escucha, pero después le preguntas qué le platicaste, ni se acuerda. Y la verdad es que a veces sólo necesito que me escuchen. Para hacerme más llevadera la noche, llevé un licor de café buenísimo que hacen en Coatepec. Más o menos charlamos una hora y media antes de que la raza comenzara a llegar. Sinceramente, entre el licor y la charla, me había tranquilizado bastante.

Cuando se comenzó a juntar la raza, no sé en qué punto comenzaron las hostilidades otra vez. Me puso de malas. Me molesta que seamos tan fáciles para decir que 'fulano o zutana es un persona pendeja que me cae de la $#%#'. Me molesta que me hagan comentarios de cosas en que la regué (créanme, no sé porque no me vestí de alta costura aquella noche, lo único que recuerdo es que iba a llover y lo único impermeable que tenía era esa pinche chamarra amarilla... Soy pobre y jodido), pero que de parte de la misma persona que lo recuerda, explote cuando comenté una experiencia similar. Me molesta que quieran sacar sus pedos existenciales siendo agresivos; tengo meses queriendo dejar de ser agresivo al punto que era antes, no es sano, no es bueno... No quiero seguir agrediendo a la gente con mis comentarios... Y me cuesta mucho trabajo controlarme cuando me agreden, porque ya no es gracioso, porque hay una intensión de herir y molestar, más que aventar un chascarrillo "inocente".

Este fue un día muy distinto al año anterior, en el disfrute, el gozo y la fantasía que lo dominó. Un año después, no la pasé tan ameno, ni cuando lo intenté.

Samael, sorry, fue un mail en el momento inadecuado.

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* Tanto el rollo de ineptitud de los líderes indios, que son subcontratados, como el afán te protagonismo egoísta de mi compañero, por alguna razón, me trae recuerdos de la prefectura. Los exras sabrán a qué me refiero.