lunes, 10 de agosto de 2009

Mi Abuelo Era Un Pícaro

Don Gerardo, o sea mi padre, hoy cumple 58 años. Le marqué para felicitarlo; usualmente mi papá anda de muy buen humor, y desde hace unos años llevabamos una amistadad muy particular, - no puedo creer que voy a confesar esto - una relación de amigos.

Así pues, charlando, me recordó que el 13 es el cumpleaños de mi abuela; yo recordé que el cumpleaños de mi abuelo es el 8 de agosto, pero Papa me corrigió diciendo que es 9.

- Aunque tu abuelo, cuando conoció a tu abuela, le dijo que su cumpleaños era el 10
- ¿Qué?, ¿por qué le dijo eso?
- No sé, pero tu abuela siempre le celebró su cumpleaños el 10. Un día tu bisabuela le preguntó por qué le celebraba el cumpleaños el 10; tu abuela le dijo que porque era el día que tu abuelo le había dicho. 'Es que es en realidad de 9 de agosto, no del 10', le dijo tu bisabuela. Como sea, tu abuela nos celebraba el cumpleaños a tu abuelo y a mí el mismo día.
- Órale... pero no entiendo, ¿por qué mi abuelo le dijo a mi abuela que su cumpleaños era el 10?
- Te digo, no sé. Pero así era tu abuelo... de vez en cuando tenía buenas puntadas.

Don Gerardo Thomas Vaillard, mi abuelo, falleció hace más 4 años. Un gran hombre, no sólo físicamente (mi abuelo medía alrededor de 1.80 m y llegó a pesar un poco más de 120 Kg), si no por las cualidades y el ejemplo que dió. No lo conocí mucho, quiero decir, intimamente, si no llevabamos una relación bastante distante, de dos conocidos.

Mi abuelo era ganadero y comerciante. A mediados del siglo pasado, él movía ganado de San Rafael (a unos 200 Km al norte de la Cd. Veracruz) al Puerto de Veracruz a caballo; creo que por eso le gustaba leer esas historias de vaqueros, porque él era un vaquero: arreaba ganado a caballo, acampaba en las noches, preparaba su alimento en fogatas de leña, usaba sombrero y botas, se levantaba a las 4:00 am para ir al rancho... y los negocios los hacia con un apretón de manos y su palabra, lo cuál era lo único necesario para hacer negocios en su época.

Le fue bien en la ganadería y sus negocios. Le dió todo a su familia; y cuando digo todo, es todo. Sus hijos eran juniors; los que quisieron salir de San Rafael para estudiar, lo pudieron hacer, mi padre uno de ellos, bueno, uno de los dos que salieron a estudiar carrera (el otro es mi Tío Lalo - con quién curiosamente comparto día de natalicio - quién estudió Ingeniero Industrial y de Sistemas en el Tec de Monterrey, Campus Monterrey); quiénes de los hijos quisieron viajar y conocer el mundo, lo hicieron a voluntad; la familia tenía carros del año todo el tiempo (y algunos quedaron destrozados por mis tíos, incluído Papá). En fin, el dinero no era un problema en la casa; lo que fuese necesario o deseado, ahí estaría. Mi abuelo inclusó financió más de un proyecto de negocio para hijos, de los cuáles no salió nada.

Y dicho lo anterior, no me queda la menor duda de que mi abuelo amó profundamente a su familia. Le dio todo, a manos llenas y sin reservas; y aunque en algún momento se confió de su forma de educar a sus hijos, siempre buscó darles libertad y responsabilidades, para hacer de ellos hombres trabajadores y honrados, esposos fieles y proveedores. A los nietos nos adoró, y no nos dió más porque no pudo; cada año, en navidad, cuando lo visitabamos, nos regalaba monedas acuñadas en plata, o nos daba dinero. Personalmente, fue algo que nunca entendí y creo que no logré decifrar en su momento; quizá porque crecí con la tele o en mi casa el dinero no abundaba, pero no me sentía cómodo recibiendo dinero de mi abuelo... tardé en entender que su manera de decirme "te quiero", pero defícilmente asocié así las cosas. Hoy me doy cuenta que desaproveché muchas jornadas interesantes con él, y que en vez de dinero, quizá hubiera recibido sus palabras de sabiduría y compañía.

Nunca he dejado de querer a mi abuelo, aunque lamento no haber sabido expresarlo adecuadamente, ni haber sacado todo el provecho del lazo que había entre nosotros. Se podría decir que el momento crucial entre mi abuelo y yo fue cuando lo cuidé, en sus último meses de vida. Era muy triste verlo así; delgado, débil, triste... de hecho, la mayor parte del tiempo no entendía lo que decía, pues hasta todos sus dientes había sido removidos. Lo vi por última vez en diciembre de 2004; él fallecería en abril de 2005... más tarde ese año me graduaría de la carrera. "Tu abuelo estaría orgulloso de ti, y le hubiera encantado estar aquí contigo mi amor", me dijo mi abuela en la cena en que celebramos mi graduación; ella me regaló el perfume que mi abuelo solía usar; "Es el aroma favorito de tu abuelo mi'jo", me dijo mi abuela un tanto emocionada.

Cuando estaba de visita en su casa, el único momento que realmente compartíamos era la hora de la comida. Era todo un espectáculo verlo comer; a parte de su buen apetito, era genial ver el show que hacía mientras mi abuela hacía desfilar los platos de alimento ante él, también su manera de ofrecerme de comer, a la vez que se mantenía lejos de las órdenes de mi abuela para que yo comiera más.*

Así pues, siempre supe que era un gran tipo, pero no recordaba (o apreciaba) su tan particular sentido del humor. Ahora comienzo a pensar que quizá mi humor y mi visión de la vida, es algo genético.

Compraré algunas historietas de vaqueros, y hablaré más de abuelo con mi padre. Siempre es bueno (y emocionante) saber un poco más de mis heroes.

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* Hasta hace unos dos años, siempre fui muy delgado y de un apetito raro. Así pues, mi abuela quería forzarme a comer más, porque decía que estaba desnutrido; esas sesiones con mi abuela no las atesoro mucho que digamos.