viernes, 21 de abril de 2006
Al fin viernes
Luego, esta semana, me la pase de desvelada, tras desvelada. Y créanme, no es la edad, es la rutina la que te da en la torre. Cuando sigues un horario diariamente, es difícil desvelarte. Esta semana regrese más o menos a mis andadas; me estuve durmiendo entre 1 y 2 todos los días. Del miércoles a l viernes en la mañana, sencillamente mis capacidades para trabajar estaban sumamente melladas. De hecho, el jueves había una capacitación que se alargo sin ningún motivo, y a la mitad de ella me estuve cabecenado; de hecho, varias veces me quedé dormido.
Ahora ha llegado el fin de semana. Creo que hoy lo destinaré a terminar de darle mantenimiento a las maquinas de la casa, me quedaré a ver películas (a ver quién se deja) y trataré de dormir temprano, porque mañana voy a dar una clase más del seminario en la UR.
Por lo pronto, cuando ando desvelado, siempre entro en una especie de introspección. Así que en este momento, quiero salir corriendo a mi casa, para comer, dormir, jugar... y luego descansaré para entrar en modo filósofo y azotarme inecesariamente.
Sin emabargo... thanks God is Friday!
lunes, 21 de noviembre de 2005
Bad Mood
Estoy de mal humor. Pero ni yo me aguanto, de plano. Hoy, a parte, me siento un poco mal físicamente, además de las preocupaciones de los compromisos que se avesinan.
O sea, me molesta la música, los ruidos de la computadora, las voces de todos, los murmullos, las voces en el teléfono... estoy insoportable. Vienen me hacen bromas (que de por si me molestan) en un mal momento. Ahora hace mucho calor en la oficina, los weyes del aire acondicionado de verdad son unos imbéciles, no saben ni siquiera ajustar un termostato para tener el lugar en una temperatura agradable; nos quieren en hipotermia o viendo espejísmos.
Mongo está a un lado, tratando de hablar en Inglés y se oye tan desastroso, que me molesta, que de hecho, él me molesta siempre. Mike se cambio de lugar, atras de mí, lo cual es bueno, pero hoy me siento un poco presionado por eso. El café no es suficiente y los juegos de cartas me aburren. Y aunque hay cosas en las que puedo estar ocupado, me siento lo suficientemente mal como para desentenderme.
Hoy me siento exasperado, con ganas de estar tirado en la cama, más que en cualquier otro lugar. Pero tampoco quiero estar en mi cama, ni viendo la tele. A penas charlar con La Sandy y Mire me levantan un poco el ánimo; lo que más me ánimo fue el comentario que encontré de la Chica de las Fotos (que su final no sé si es para alegrarme o preocuparme).
Me siento como si estar de mal humor - ahora - fuera un estado natural, asciente y eterno. Aunque lo que si puede ser cierto es que cada día más, desde que terminó el verano, me pongo más de mal humor. Y eso está mal, porque no me gusta ser así; yo no soy así. El problema es que no estoy en mi ambiente, en ningún sentido.
Lo peor de todo, es que sé que me tiene de malas y me molesta cada fin de semana, hasta entre semana. Pero por alguna razón no me he hecho de fuerzas para enfrentarlo... no es que no tenga el ánimo o la disposición, es sólo que no tengo - quizá - el valor. Sobretodo es por el miedo a que no podré arreglar nada (porque de alguna manera lo veo venir, no sé por qué); espero equivocarme en mis presentimientos.
También, así son lo días de noviembre. Entonces, no puedo hacer mucho al respecto. Muchas cosas pasan (y pasaron y pasaran) en noviembre. Estoy casi seguro que esto se acaba en un mes, así que sólo necesito esperar... esperar un poco.
jueves, 13 de octubre de 2005
Y hubo tarde, y hubo mañana de un miércoles cualquiera de octubre
Miércoles... ¿al fin? La verdad es que la semana ha pasado un poco lenta. De repente el tiempo se escurre, pero por cada hora que se escurre, hay otra que tiende a infinito. Sin embargo, el miércoles fue sumamente rescatable.
Estuve trabajando con Mire como dos horas (quizá tres, ¿quién lleva cuenta del daño?) sobre la - god damn - forma que mellaba día a día mi orgullo. Finalmente, con algunos malabares y 'jales chicanos' (oh JC, your influence, du-de) logramos que la - god damn - forma funcionará como debía. El proceso no fue tan horrible, al contrario, charlamos de muchas cosas y nos reíamos de cualquier cosa, hasta leímos los cartones de Trino del día; de hecho, no pasaba en el teléfono tanto tiempo desde que charlaba con Randú por teléfono en la prepa. Lo importante es que al final la - god damn - forma jaló, bueno, jaló hasta dónde mi responsabilidad respondía.
Es curioso, pero en la mayor parte de las mañanas me chutó 1 café y 2 sodas (de cola, que sí, qué rica es) para despertar y mantenerme alerta; pero después de reír y reír y trabajar con Mire, la circulación de la sangre era tan buena, que con el primer café de la mañana fue suficiente (digo "primer", porque cuando aun me siento sobnoliento, voy por otro café). Alguna día desarrolaré alguna manera de administración de proyectos, en donde el reir y un ambiente de buen humor sea la base de la motivación del equipo; quiero probar que este tipo circunstancias hace la gente más efectiva, más comprometiva y los equipos se vuelven fuertemente motivados.
Pasó lo que tenía que pasar... y finalmente llegué a la casa. El día anterior compré "Man on the Moon" y "Sexo, Pudor y Lagrimas"; por alguna razón me vi atraído a ver "Man on the Moon" (que hasta ese momento nunca había visto completa). Mientras veía la película, deliberaba sobre ir a clase de teatro; por un poco más no voy, porque la película es genial y yo me sentía cansado... pero fui.
La clase pasó sin novedades. Para esto, ya había quedado con la Xoch de ir a la 'tocada' de Jumbo y Plastilina Mosh en Expotec; por un poco más 'rajo'... pero soy un hombre que cumple sus promesas. No lo sabía, pero Alex también iba al concierto, así que el descubrimeinto fue muy agrdable. En chancesitos le platicaba las nuevas de mi vida, pero como siempre, es muy atropellado cuando charlamos, sobretodo por los espacios y tiempos para hacerlo. Aun así, Alex recibió de buena gana todo lo que le dije. Por eso quiero tanto a mi roomate.
Debo de decirles que cuando pusimos el primer pie en Expotec, comenzó a caer agua desde el cielo (no, no era lluvía... todavía). Pues que si son peras o son manzanas y creo que buscando comida, conocidos o qué se yo, le dimos 'vuelta al ruedo'. Parecía que aun era estudiante, porque según iba avanzando me topa a toda variedad de conocidos: gente que tenía poco de haberlos visto, otros que hacía poco tiempo me había acordado de ellos y, como siempre, los inesperados. Para cuando terminamos el barrido de la zona, nos paramos entre la multitud - que esperaba el concierto de Jumbo - a escuchar a unos chavos que traían una buena propuesta músical de sonidos electrónicos y percusiones. Entonces - ahora sí - comenzó a llover.
Aquí es donde comenzó la parte extraña de siempre que voy a Expotec. De repente, si me quedo parado por un instante, sólo observando, comienzo como alucinar. Todo es como un sueño; la gente que pasa, lo que hacen, lo que dicen; de repente ya no son cuerpos, si no caras, que con la lluvia y la poca iluminación, se reducen a razgos más puros, entonces todos se parecen a todos; es decir, todos los hombres traen la misma cara, todas las mujeres traen la misma cara y todos son la misma cara. Es como una de esas escenas de pelicula en que el/la protagonista está ebrio o drogado, con música electrónica de fondo, con los sentidos bien agudisados, y percibe todo lo que pasa a su alrededor, mientras pasan personas riéndose, otros molestos, otros sin expresión... pasa todo tipo de chica, con todo tipo de ropa, con cualquier expresión. Pero siempre aparecen fantasmas.
Cuando se "tranquilizó" la lluvia, nos fuimos frente al escenario a esperar a Jumbo. Jumbo, como siempre - por alguna razón -, prendió al público; durante el concierto la lluvia empeoró (¿o mejoró?) y en la resignación total, nos mojamos completamente. Entonces aparecieron los fantasmas; de repente el espectro de Mine, La Ausente y la Porrista se aparecieron. A veces era La Ausente y la confundía con la Porrista, viceversa, pero Mine siempre fue Mine. Todo se volvió un estado tipo orgiástico: los hombre se lanzaban en una especie de slam (que no venía al caso), las mujeres brincando con la ropa empapada y transparentada, el ambiente oliendo húmedo y a cerveza. Yo cantaba y brincaba, según los del alrededor me lo permitían. En una ocasión, dos chavas fueron a dar accidentalmente frente a Alex; las chavas conversaban emocionadísimas y Alex volteaba a ver a cada una cuando tomaba la palabra, lo hacía con esa mirada inquisitaba, sin expresión, pero poniendo mucha anteción a lo que decían... me causó 'curiosidad'. Pues para que se dieran una idea de cómo estuvo la mojada que me dí, tenía las manos arrugadas, como si se me hubiera pasado el tiempo en la regadera.
Terminó el concierto, llegué a la casa y me puse las pijamas. Pero no soporté las ganas de terminar de ver "Man on the Moon". No me lo van a creer, pero la película me conmovió; la historia de Andy Kaufman me sorprendió de sobremanera. Por otro lado, la actuacón de Jim Carrey es magnífica; definitivamente, merecía la nominación y quizá hasta el Oscar. Pero sobre Kaufman, hablaré después.
"Buenas noches", dijo Alex. "Buenas noches Alex", le dije. Y 'hubo tarde y hubo mañana de un miércoles cualquiera de octubre'.
miércoles, 14 de septiembre de 2005
Qué ropita
miércoles, 10 de agosto de 2005
Una mañana en el trabajo
Ahora viene lo emocionante, manejar hasta el trabajo... 80, 90, 100, 110... ¡120 km/h! Oh sí, que belleza, la velocidad te hace sentir dentro de un juego de video, sólo que es más emocionante manejar entre conductores de carne y hueso. Es aun mejor que el juego de consola, porque la realidad tiene otro nivel de dificultad: los conductores no saben conducir. Entonces, tu sentidos se agudizan, te vuelves un as del volante y renace en ti al cafre que se necesita para sobrevivir el tráfico.
Al fin, estás en el estacionamiento del trabajo, crees haber llegado con tiempo de sobra para ganar lugar. Sin embargo, la expresión de urgencia del guardia para que te apures a entrar te dice que por un poco más y te quedas fuera. No importa, otra razón para abrazar la mañana con felicidad: tienes lugar en el estacionamiento.
Saludas a cuanto conocido te encuentras y te sientes mejor a cada paso; con tu sonrisa, todos sonríen contentos de que alguien es feliz... entonces, te hacen la mañana y sonries con más ahínco.
Llegas a tu lugar, prendes tu herramienta de trabajo, checas entrada y te dispones a trabajar. Luego, luego... una junta, pero sin darte cuenta comienzas a cantar en el teléfono ("Voy a buscar la paz interior, en tu interior, te voy a partir en dos..."). Sin querer, acabas de hacer el primer chiste del día y todos se ríen. Después de ver los pendientes del día, tu jefe postizo da buenas noticias, les écha porras y se despide.
Desde antes que empiece la junta, ya estás platicando con Marce; sí, quién sabe porque no puedes resistir a platicar con ella, pero no lo tratas de enteder. Será que te gusta su plática, que aguanta tu charla elaborada, le gustan tus chistes, que ella es coqueta, no tiene nada que hacer o porque les gusta vivir esa fantasía. Tú le mandas fotos viejas de ti mismo; espera que te haga preguntas sobre ellas, pero se ve que ella sólo quiere estar segura que eres tú y te puede reconcer. Lo mejor es cuando escuchas que te dice que estás loco; te gusta, te gusta que te diga que estás loco, porque algo te recuerda. Te encanta cuando ella juega contigo y sonries satisfecho cada vez que te enterás de sus travesuras, como eso de aventarle papelitos a sus compañeros.
Te quieres poner a trabajar, pero de repente todo está en contra de que lo hagas. Saludas a Mire, a las Sandras, a Irwin y a Jaime... te agradan, pero sabes que no puedes platicar tanto con ellos, porque están más ocupados que tú - más que ahora no puedes hacer nada -. Pero por lo menos te devuelven el saludo y se maravilla que por lo menos uno esté de tan buen humor. Se rién cuando les dices que es una hermosa mañana, no porque no lo sea, si no porque no se habían fijado que así sea. Ya hiciste tu buena acción del día.
Para antes que llegue la hora de la comida, has hecho todo esto. También, has estado cantando esas viejas canciones de "Rock en tu idioma" que sólo tú y Beto recuerdan con tanta exactitud. A ti te encanta cantar, porque te libera y te hace sentir bien. Todos se ríen de verte, porque ven que lo disfrutas... les agrada ver a alguien de tan buen humor.
Marce se desaparece por un rato, precisamente después que le pusiste esa parte de la letra de "Persiana Americana" y de que no supiste explicar tus impresiones sobre su físico. Te comes tu sandwich y te preguntas: ¿por qué le dicen lonche al sandwich? Esperas que el software que necesitas termine de bajar, cantas "En algún lugar...", bebes coca y deseas terminar el trabajo asignado hoy, para descansar.
¡Ah, qué hermosa mañana! Lastima que ya terminó. Sabes que es una mañana cualquiera, como cualquier otra que has tenido en los últimos dos meses. Te desparramas en tu lugar de trabajo, tu corazón rebosa contento, porque todo está bien... y sabes que todo es perfecto.