lunes, 4 de abril de 2005

Eso que dicen las mujeres que no hacen y los hombres queremos ver

Antes que nada, quiero dar las gracias por el entusiasmo que han tenido en leer mi blog. Me alegra, además, ver los comentarios de algunos; no me importa si son buenos o malos - desde luego, todos los tomo en cuenta -, si no el valor que le transmiten a lo escrito, pues se toman tiempo para leerlo y a parte comentar al respecto.

Con respecto al título de mi blog, cabe aclarar algunas cosas antes de comenzar con mi relato. Aunque feno y genotipicamente soy un hombre - hasta lo más recondito de mi ser -, hay muchas cosas comunes a la cultura del hombre que no van conmigo; no es el caso de este blog discutirlas, ni enumerarlas. Sin embargo, hasta donde me conozco (que es bastante), sé que no soy como el común de los hombres. Ahora bien, en el fondo mi instinto masculino de vez en cuando sale y más cuando hay situaciones inesperadas e inevitables.

Y desde ahí parto a lo acaecido hoy. Nos andamos preparando para la presentación de una obra teatro; el director de la obra, a su vez, es maestro de teatro y formalmente imparte clases, obviamente, de teatro. Hoy acomodó el horario del ensayo con su clase de... ¿principiantes? Anyway, el caso es que llegamos los de la compañía al salón y, con nosotros, los alumnos de la clase. Entre los asistentes habían dos chicas: una muy mona, delgadita y de facciones delicadas, de esas chavas que parecen bailarinas de jazz; la otra era una chava que se ve medio aventadona, de buen ánimo y ambiente.

En fin, resulta que después de un 'speach' que se echó el maestro, les pide a los alumnos de su clase se retiren. Estás dos chicas, se encuentran mientras salían y depués de saludarse, la chica mona nota que la otra chava trae muy amplio el escote de la blusa de la otra. "Ay, wey, mira no'mas", ó algo así dijo, al tiempo que tomaba el escote de la otra (que no podemos negar, todos lo que lo vimos, que si se veía mucho chicharrón) y lo subía. Las maneras y la intención con que lo hizo, hasta los comentarios dichos, fueron un tanto gráficas, lo suficientes para llamar demasiado la anteción de lo que estabamos cerca; de hecho, un camarada y yo estabamos precisamente frente a la escena. Claro, no nos lo perdimos; si ellas se dieron cuenta, pues quién sabe y no pareciera que les importara. Mi caramada y yo nos hicimos tontos, hasta que las susodichas se retiran de la escena del crimen; hecho esto, mi cuate hizo una expresión tan similar a la que se escucharía al ver pasar por la playa una chava en tanga en pleno verano.

Inevitablemente, dentro de mí también surgió un sentimiento similar. Aunque no reaccioné como mi camarada, sí reí y tuve que 'concurrir' con él, que lo que acaba de pasar era de un aspecto un tato... digamos, 'exótico'.

Hace algún tiempo una amiga me envió un mail que decía algo como 'las cosas que ellos sueñan que hágamos'. Entre otras cosas, incluía expresiones que los hombres les gustaría escuchar de cualquier chava; un ejemplo podría ser: "Fulano, mete el carro en ese estacionamiento, que quiero fajar". No sé, pero de alguna manera, lo que pasó con estas chavas, lo ligué con ese correo.

Entonces, se convierte no en una fantasía hecha realidad, pero si algo inesperado; al menos como hombre, nos devuelve cierto placer visual. Peor conmigo, que soy tan curioso.

Desgraciadamente para mí, siento que al reaccionar así a cosas como esas, me siento fuera de control de mi mismo. Es como si me hubiera dejado llevar para hacer una tontería y luego me arrepintiera; la borrachera no deseada, el examen tronado ó el comentario hiriente, eso que ocurre sin querer. Pero en el fondo, es mi instinto el que reaccionó; o sea, no lo hice concientemente.

Desde luego, sé perfectamente que las mujeres reaccionan igual en mismas circunstancas. Lo sé, porque la semana pasada pasó algo así. Durante el montaje de otro espectáculo, uno de los chavos participantes, salía sin camisa; resultó que el amigo (que de entrada es carita) tenía cuerpo de modelo de truzas. Las niñas presentes (con o sin novio) no podían evitar, por más que quisieran, mírarlo; mejor aun, no podía dejar de mirarlo.

Lo anterior me lleva a esta conclusión: hombres y mujeres inevitablemente, de vez en cuando, actuamos llevados por el instinto. Hay situaciones que no podemos controlar, porque no occurren con frecuencia ó el instito sobrepasa nuestro carácter. Eso no tiene nada malo, pues sabemos que al final somos animales, más inteligentes, pero animales. Desde luego, la mayoría de las mujeres jamás aceptarán que observan el cuerpo de los hombres o si las asaltan ciertos impulsos 'candéntes'; sobretodo, porque culturalmente está penado. Así pues, hombres y mujeres somos iguales.

No importa, me alegra saber que dentro de nosotros hay cosas aun por descrubrir, controlar... aunque, a veces, los placeres visuales nunca nos caeran mal... ni a hombres, ni a mujeres.