lunes, 30 de enero de 2006

Los Sibaritas

Si creen que un sibarita es miembro de alguna secta rara moderna, pues
se equivocan. Aunque si creen que es el géntilicio, están a la mitad
de camino de saber el significado actual.

Hace mucho, mucho tiempo, en alguna parte de Italia, existió un lugar
llamado Síbari. Resulta que en ese lugar toda la gente era muy
prospera, tanto que comenzaron a tener muchos derroches. Se volvieron
exquisitos y de gustos extravagantes. Se dice que incluso tuvieron una
academía para enseñar a bailar caballos.

Con el paso del tiempo, el gentilicio de este lugar se convirtió en la
manera de referirse a las personas que tienen gustos "poco fuera" de
lo común.

Pues, ¿qué creen? Creo que soy sibarita. Oh sí. El viernes nos
reunimos el Taden y yo para darle rienda suelta a nuestros gusto poco
peculiares. Compramos aceitunas, ostiones ahumadas, queso untable,
baguette, pateé... entre otras cosas. ¿Y todo para qué? Para echarnos
unas copas de scotch (para los nacos, whisky; no whiskey, whisky) a la
salud de Juanito Caminante en etiqueta negra.

Cualquiera diría que fue reunión de ñores; pero nunca he estado en una
reunión de ñores en que se disfrute de tales gustos. Disfrutamos del
whisky en la rocas, comiendo de lo más agusto; y para rematar tan
placentera noche de platica existencialista, riquísimos bocadillos y
de compañía de camaradas, terminamos sacando mis comodísimos puffs al
porch del depa, para disfrutar de la vista nocturna del sur de la
ciudad.

Para terminar con esta sibária, que nos cae el Hugo, con lo más
selecto de la noche: roles de canela con pasas y coca-coca light.
Cerramos con algo no tan selecto de cine: The Village y Hercules. Yo
sé, nada que ver una con la otra, pero fueron las que estaban a la
mano.

Y pues de una noche tan agradable entre amigos, nuestro mayor deseo
era: por favor, que todas las noches terminen así. Sí, faltan más
noches sibaritas en mi vida.