miércoles, 18 de enero de 2006

Un Día de Furia V1.2

No me digan que no: cerca de donde vivían había un viejito cascarrabias, que siempre que lo veían tenía cara de enojado; ó en cualquier oportunidad salía a gritarles; ó de repente se aparecía para decirles que se callaran y se fueran a jugar a otro lado.

De hecho, recuerdo que haciamos bromas de él. A veces, sólo por hacerlo enojar, jugabamos cerca de su casa y agarrabamos su pared de porteria. La típicas de niños de tocar la puerta (o el timbre) y salir corriendo, para desde la esquina siguiente verlo asomarse y hacer el coraje de su vida.

Nunca nadie lo saludaba en ningún momento del día, de ocurrir, era porque ibas con tus papas, que para variar se llevaban con él; tampoco - cuando crecimos - hicimos las pases con él. De hecho, era usado como elemento despectivo hacia los demas, desde su olor hasta su manera de vestir o hablar. Todo él era motivo de burla y desprecio.

Igualmente, nunca supimos porque vivía sólo: si era viudo, soltero, abandonado, traicionado; asímismo, desconoceremos las causas y razones que lo llevaron a estar así. Tampoco sabíamos si comía, si estaba enfermo, si pasaba frío por las noches, si su ropa se lavaba. Mucho menos íbamos a saber si los corajes que hacía pudieran matarlo; si no sabiamos eso, ¿Sabriamos que tipo de persona era en realidad? ¿Era alguien dulce, inteligente, interesante? Quizá era un indiviudo capaz de eneseñarnos a amar, pelear o trabajar; a lo mejor tenía todas las cualidades para ser el mejor de los amigos que alguna vez tendremos.

En realidad no, nunca lo supimos. En realidad en ese momento, como niños que eramos, no sabíamos si quiera si causabamos algún daño. Hecho: no queriamos lastimar a nadie, pero - cuando eres niño - ¿cómo saber que lo estabamos haciendo, si es que lo hicimos? Quizá, el viejito refunfuño, salía hacer eso sólo por seguir el papel que sentía debía llenar; nadie sabra si en algún momento, después de gritar y llamarnos mil cosas, entraba a su casa, se reía dulcemente como viejito y se sentaba en su sillón (suspirando placenteramente) a seguir viendo su aburrido programa en el canal 2. Nunca sabremos si hacia lo contrario y eso lo hacia amargarse más, quizá agrabando su estado de salud.

¿Qué necesitaba en realidad ese viejito? Nadie nunca lo sabrá; ese viejo cascarrabias, cansado y enojón será un enigma por siempre.

¿Saben? Me he dado cuenta que para algunos que me rodean yo soy ese viejito enojón y cascarrabias.