lunes, 6 de febrero de 2006

Nunca se quejen

¿Alguna vez han estado encerrados con un enfermo, en el mismo, y el enfermo tose y tose, pero de esa tos grave y onda, que hasta creen que van a sacar las viseras? Bueno, pues según Rosario Castellanos, así es la persona que se queja.

Lo malo de quejarse, es que siempre te ocurren cosas peores después. La mayoría de ustedes lo saben: diario tengo una aventura. No, no deslizes amorosos, sexuales (morbosos), si no aventuras de todo tipo: desde ser interceptado por un tránsito hasta ser atacado con proyectiles cristalinos. Entonces, a veces realmente tengo motivos de queja. Pero de las veces que me quejo, resulta que me va peor. De eso que me quebaja, resulta que se vuelve dos veces peor de lo que era. Y no me ocurre una vez, si no varias.

El ejemplo clarísimo de eso es cuando comencé a viajar al final de cada semenstre. Fuere por avión o camión, algo me pasaba y me quejaba; pues la siguiente vez que viajaba, algo peor me ocurría. Ahora trato de disfrutar los viajes y me la paso tan bien...

Y si eso suena medio supersticioso, quejarse le da una mala imagen. La analogía que puse al principio es eso. ¿A quién le gustaría estar en la situación que describía? Estoy seguro que a nadie (dejémos a un lado eso de que si te importa la persona, y el amor, y shala lala, que saben que no viene al caso). Una persona quejumbrosa es una persona que termina por quedarse sola o soportada por unas pocas personas, porque es molesta. Es una piedra en zapato, el cadillo que se enterro jugando fútbol, el pelo en la sopa, la mosca en el refresco, el zancho con tu novia... eso es un quejumbroso.

Desde luego que hay ocasiones en el que un reclamo vale. Como por ejemplo, hacerle ver a una persona que no cumplió con una promesa o te están dando mala atención en algún lugar. Yo he aprendido por la mala a que no debo quejarme; ahora he cambiado mi perspectiva. No me quejo, no; me aguanto o trato de hacer una observación lo suficientemente objetiva.

En fin, dejando a un lado muchas cosas sobre filosofías, creo que todo es una cuestión de actitud. No es tanto como "qué haces tú para mejorar las cosas", o "en vez de quejarte, deberías hacer algo". Porque hacer notar algo que está mal, es hacer algo; porque hay veces que no sabemos cuando hacemos algo inadecuado.

En esta ocasión, sobre este asunto, recuerden que el quejarse en exceso es malo (Bacardi ya lo decía: "nada en exceso, todo con medida"). Quejarse es malo cuando se vuelve deporte; cuando nos quejamos de todo y todo está mal. También está mal no saber escuchar quejas; no porque todas sean válidas, si no porque algunas puede que tengan razón. Quizá ninguna valga, pero el hecho de analizar por qué pudieron haberse generado, ya es ejercicio suficiente para hacernos mejores.