lunes, 11 de diciembre de 2006

Maldito Frío

¡Maldito Frío!, odio frío… ¡odio el frío! Para terminarla de amolarla mi casa es una especie de maquina térmica amplificadora de temperatura. Explicación: si hay calor afuera, hay más calor dentro de la casa; si hay frío afuera, hay más frío adentro de la casa.

Bueno, ya pasó… aunque Camarón dice que es más fácil sólo comprar un calentador (radiador, como le dicen en mi tierra) para quitarme el frío, desde luego que la cuenta de la energía eléctrica me va a salir alta, aunque por el volumen de mi cuarto veo aun más difícil mantenerlo a una buena temperatura sin gastar más. A mí se me ocurrió algo medio Oliver Probst, o sea, comprar un aislante para las paredes y luego, si es necesario, poner un calentador; eso hará que el cuarto se enfríe menos y sea más fácil mantenerlo a una buena temperatura – si es necesario prender el calentador. Lo único que no he podido determinar es cómo diablos voy a colgar ese aislante en las paredes, sin abrir muchos hoyos y tampoco esté colgado una y otra vez el aislante. Espero que cuando lo resuelva no sea ya primavera.

Hablando de eso, el sábado recibí la llamada, la cual necesitaba contestar durante el domingo. Así, destiné parte del domingo a preparar el cuarto para la llamada… pero la llamada nunca la contestaron. Ni modo… a ver ahora hasta cuando.

Antes de recibir la llamada, el viernes anduve llamando a todo el mundo para ver si se hacía algo; resultó que todo el mundo estaba ocupado, dormido, saliendo de viaje o con planes. Como perro castigado, me fui a meter a mi casa; antes, pasé a comprar algo de cenar en el Semáforo… ese medio plato combinado me supo a manjar de los dioses. Ni modo me fui a dormir tempra.

El sábado fue distinto. Para empezar, desperté y mandé unos mensajitos, a ver quién contestaba; pues la Güera y Kenia contestaron… ya desde el día pintaba bien. Luego, comí con Pollo, en el Bennigan’s. No, no, no… esas Guinness me supieron a gloria y el corte de carne que pedí y las alitas me cayeron de perlas (oh sí, perlas). Don Pollo (ah sí, porque desde que el señor se compró su Civic último modelo, ya es de respetarse) y un servidor hablamos de asuntos personales, muy personales de cada uno. Al fin, quedamos que a lo mejor nos veíamos más tarde.

Ah, pero de camino a casita se me ocurrió llamarle a la Porrista. ¿Qué creen?, pues conseguí salir a tomarme un café con ella (ja, platico esto y, recapitulando, me siento como Hugh Grant en Love Actually: “Pathetic”). Es que si no, sólo Dios sabe cuando nos volvemos a ver.

En fin… cuando quise escribir la salida con la Porrista(se veía tan mona con su chamarrita, guantes de quita pon, su bufanda de colores y sus chapitas), me di cuenta que podría alargarse mucho por los muchos, muchos, muchos detalles que pasaron. Sólo digamos que la redescubrí... l'amour. Cuando la llevaba de regreso su casa, estuve a punto de decirle la verdadera razón por lo que con tato interés quería salir con ella; pero sentí que era mal momento, porque durante la charla de café nada se prestó para poner antecedente. Esperaré esta semana para ver si la puedo ver y entonces cometer la fechoría. El resto de la noche la pasé con Pollo jugando Halo en su casa.

La noche del sábado… bueno sólo Dios y los meteorólogos sabrían a qué temperatura estábamos… pero yo tuve que ponerme otro juego de calcetas encima, ponerme los guantes y usar chamarra para poder dormir bien.

Y después de que no se conectó la llamada el domingo, me la pasé viendo el Americano y películas en la tele. Así terminó este, frío, pero remunerado, fin de semana. Aunque me quedé con las ganas… ¿ahora hasta cuándo?